Antes de nada, queremos aclarar que estamos ante un síntoma, no se trata de una enfermedad. Este síntoma puede aparecer de forma única y aislada por una causa concreta o puede presentarse formando parte de un cuadro clínico correspondiente a los síntomas de una patología.
El vértigo genera un malestar que se traduce en una sensación de desequilibrio e inestabilidad. Produce una gran inseguridad e incapacidad para movernos, pudiendo llegar incluso a tener sensación de nauseas y desmayo. A estos síntomas se une la sensación de que las cosas giran, como si todo diera vueltas. Puede durar algunos instantes o incluso bastantes horas, incluso viéndose acompañado de incapacidad de enfoque ocular y pérdida de audición de un oído.
Trabajando la buena movilidad cervical y un tono muscular correcto de la zona favorecemos una vascularización correcta hacia el cráneo que va a mantener la funcionalidad del oído interno y de su nervio vestibular. De la misma forma, trabajando la movilidad y maleabilidad craneal natural eliminamos posibles tensiones y compresiones del nervio, así como la posición correcta de nuestro sistema de equilibrio, que se encuentra en el oído.
¿Vértigo o mareo?
Coloquialmente se suele confundir, y hablamos de vértigo cuando realmente estamos ante una sensación de mareo, o viceversa.
Para que quede claro, diremos que fundamentalmente para reconocerlos, los signos distintivos entre ambos son que:
La sensación de mareo es una pérdida de estabilidad, como si “estuviésemos en una barca” y/o notar que podemos desmayarnos en cualquier momento.
Por otro lado, el vértigo es la sensación de que nosotros giramos alrededor de nuestro entorno o que éste gira y da vueltas a nuestro alrededor, sin poder detenerlo.
Es muy importante, para un buen diagnóstico de estos trastornos del equilibrio, saber que no hay vértigo si no está acompañado de nigtasmus y desequilibrio. Por otro lado puede haber nigtasmus o desequilibrio sin estar ante un cuadro de vértigo.
